EL BÚLGARO Y LA PRINCESA
Un hombre come conos de barquillo sin helado en el interior, allá, en el fondo. Está sentado en un banco, bajo la sombra vespertina de una ciudad de provincias. No levanta la mirada del suelo mientras caen leves migajas de algo dulce y crujiente. Acaba y cruza unos brazos anchos y fuertes. Acaba y la caja de cartón queda al lado, vacia del todo.
Una chica se deja caer sobre una cama cubierta de papel impreso. Ha cambiado la seda por la tinta y el noeón por las velas. Su amante, el más fuerte de todos, el estibador de Plovdiv, ha deshecho por completo una novela para no pasar frío esta noche.
No es tiempo de helados, ni de amor.

pucherit dijo
Bueno como que no es tiempo de helados y de amor, siempre un helado te lo pueden preparar con amor o tener la mala suerte de tener un amor helado, se como fuese me gusto mucho tu blog y te animo a que visites mi recien estreando blog
http://desastrepersonal.blogspot.com/
un saludo
6 Agosto 2006 | 03:01 AM