PROYECTO DE HOTEL

Había pensado en construir el hotel para los músicos con jeringuilla, y después el hotel de los escritores y el mezcal, y también el de los pintores y el vino. El proyecto estaba estudiado hasta el último detalle: en el hotel de los músicos habría habitaciones en penumbra para dormitar entre concierto y concierto, espacio para maletas de cuero, espejos y bandejas de plata servidas por ninfas de larga cabellera rubia. Para el de los escritores había ideado un cálido ambiente tropical, a medio caballo entre las puertas celestes de Coyoacán y los tugurios más infectos. Y en de los pintores inmensos echarpes y sofás de cuero. Ah, sí, la decoración a la medida de los sueños más oscuros...
En la planta de sombras ilustres vagaban las gafas negras de Lou, la melena azul de NV, muchos pasos roncos; el puñetazo del cónsul Lowry, la mirada triste de los que han abandonado la bebida, las pesadillas de los conjurados por la musa asesina; y, en el pasillo de los pintores estaban los mejores musitando música y libros para no hablar nunca, nunca jamás, de esa materia prima tan huidiza que mancha los lienzos.
Lo tenía todo bien pensado. Pero falló la libertad, es decir, no llegó el dinero, y terminó regentando un pequeño hotelito, con japoneses y ancianitas, en el viejo París.
