EFECTO NIEVE

La nieve deja la extraña consecuencia de volver mi mente blanca, vacía, desmayada a instantes, como cuando caía redonda por las escaleras de tu casa y tú me arropabas con una vieja cazadora de cuero. La nieve me recuerda todo y nada: las historias y el final, la soledad y los trenes, los jóvenes días de frío y las noches tibias del presente.
El efecto nieve recubre los argumentos con un manto de espuma líquida por el que flota tu cuerpo de maestro incrédulo y otros tantos naúfragos. El dichoso efecto nieve provoca encogerse en un sarape mientras el lejano efecto sol rompe tirantes y viste faldas de gasa.
Pero esta tarde el efecto nieve me ha dejado detenida en algún punto impreciso de la meseta, con medio cuerpo colgando de una cama inmensa y una gatita de color blanco en una esquina. Al lado había una taza de loza y una copa de vino, unas gafas y unos cuantos libros. El mundo, o lo que pensábamos que era el mundo, quedó ahí, inmóvil en las once de la mañana de un día cualquiera... O en el mentiroso recuerdo de una tarde nevada.
¿Me entiendes? ¡Bah! Es el efecto de la nieve.

Javo dijo
A mí París me pone melancólico. Nunca he estado. Me gusta tu blog, volveré por aquí.
6 Marzo 2006 | 12:21 AM