JUGUETES

Me contó una noche (sólo recuerdo que era de noche y que estábamos en un bar con el abrigo negro tirado en un banco de plástico negro) que cuando quería llorar y no encontraba un porqué convincente se iba a una tienda de chinos a pasar un rato observando los objetos amontonados en baldas de plástico.
"Y, ¿sabes?, veo esos juguetes baratos, ese paraíso de plástico que para los niños son tesoros, como para mí los paraísos de papel. Los miro y sé que voy a comenzar a llorar de un momento a otro porque son feos y a la vez son hermosos, porque son dos cosas al mismo tiempo: un horror de mal gusto y aristas de máquinas perdidas en el mundo que recortan mal los remates y ese objeto codiciado por dos ojitos nuevos y sin velos de humos y luz artificial. Porque esos colores chillones envueltos en poliuretano son el cofre del pirata y el estuche de maquillaje que encierran una clave vital. Y lloro porque el mundo me parece muy incomprensible y muy extraño. Y pienso que la desilusión es algo así como descubrir que hay juguetes que cuestan dos euros y que en el fondo son tan hermosos como los que cuestan dos mil."
