LIBROS INTERIORES

En Memoria de elefante el gran António Lobo Antunes, grande incluso en la primera novela, genial incluso allá cuando se terminaban los setenta y los demás ni siquiera comprábamos todavía cigarrillos sueltos y furtivos, en la detallada y estremecedora crónica de un psiquiatra al borde del abismo, allí Lobo Antunes habla de un libro, El sentimiento de un occidental de Césario Verde, que era la ropa interior, "calzoncillos de alejandrinos nunca quitados", del protagonista.
Veamos...
Hubo unas braguitas rosadas de Malcom Lowry y varias de Rubem Fonseca; también un sujetador llamado Diana o la cazadora solitaria de Carlos Fuentes. Este verano mi ropa interior era John Banville e Imposturas, y hace unos meses, en la jungla mexicana, usaba El testigo de Juan Villoro.
Entre la ropa interior inolvidable e imprescindible están todas las obras de Roberto Bolaño, todas las obras de Carlos Castán y todas las de Juan Marsé (incluidos algunos perdones). Luego hay muchas otras de temporada: encariñamientos fugaces o breves historias de roce con la piel. También hay encaje de usar y guardar, piezas de lencería que terminan en los cajones, construyendo tesoros secretos.
Sigamos pensando...

miguel dijo
queridisima, te recomiendo para cubrir y descubrir tus profundidades algo de Fernando Vallejo, "el desbarrancadero" por ejemplo...
3 Noviembre 2005 | 07:23 PM