VIAJAR CON ELLA
Fueron... diez, cinco minutos? Fue una historia breve, una visión fortuita, una daga en el estómago. Sólo viajaste con la chica rubia de los cabellos rotos seis minutos, de estación a estación, hasta que ella tuvo que bajarse para hacer transbordo tambaleándose detrás de su chulo. Viste fuzgamente su perfil, la melena suave y destrozada, unos labios muy rojos. Antes, de frente, llegó hasta ti la sombra violeta de sus pómulos, la silueta de una mujer joven sobre dos finos alambres, dos piernas un día largas, y ahora tan sólo línea recta, línea al infinito del final.
Él se quedo de pie, con los cascos puestos y un cuerpo enorme, amenazante, demasiado sano, un cuerpo siempre dispuesto a lanzar golpes. Le dijo que gastaba más en ella que lo que sacaba chuleándola; le dijo que era una mierda; le dijo que se lo iba a fumar todo; le dijo que iba a tirarla al tren, junto a la cacharrería de los gitanos...
Y tú en silencio, al lado de la chica que no escuchaba nada de lo que él le decía, al lado de una mochila a punto de vencer a su dueña, al lado de una derrota que respiraba. Pensaste que en algún lugar, tal vez, alguien se preguntaba dónde estaba ella, alguien la recordaba con cariño y lloraba si imaginaba que ella estaba muerta sobre escombros. Fumar mata, y viajar en el metro, también.

Juanjo dijo
Chica de París. Es un placer. Lamento ser reiterativo, pero lo único que se me ocurre decir es que me gustaría tropezarme contigo en París o en la Alpujarra.
Abrazos.
6 Octubre 2005 | 10:25 AM