MI ALMA NEGRA

Cheri,
Iba a compartir contigo otros apuntes de una carpeta más personal (pese a que le estoy cogiendo cierta manía a esa palabra y espero que alguien la desmonte lo antes posible, que le saquen las tripas y entendamos de una vez lo que quieren decir algunos cuando la pronuncian y lo que quiere decir o debería querer decir realmente). Pero se imponen las noticias, esos latigazos que yo recibo desde la radio y que me llevan de la pena a los recuerdos.
En Melilla viví en un piso de aire parisino, muchos años después, pero sí, en la misma calle que aparece arriba. Y sí, te aseguro, querido, que seguía teniendo ese aire colonial, elegante y salvaje a la vez. Las noticias de anoche hacían imaginar una inundación de apátridas, un presagio de caos, incluso sin conocer las peores previsiones las que se encargan de amasar el material para que bien horneado se convierta en un gran bizcocho de miedo e indignidad.
Llamé por teléfono: ya me contaron que la situación, efectivamente, es complicada y que no se trata de ninguna novedad. Mucha gente lleva un año repartiendo comida a todos los subsaharianos diseminados y dejados de la mano de cualquier dios por los alrededores de la frontera. La situación es difícil, y desagradable, pero los melillenses a los que quiero se encogen de hombros y bromean.
Cheri, mi alma se volvió más negra recordando esta calle, lugares donde escribí y donde reí, paisajes y otras estampas.
Seguiré escribiéndote pronto...
