El hombre dejó las cartas encima de la mesa y mientras sacudía el impermeable me preguntó si había visto cómo ardían las casas de los negros. Pidió un whisky, se sentó a mi lado, temblaron sus dedos en mis labios.
-No te creas a los que te cuentan que en la vida todo se paga.
-¿Por qué?
-Porque la verdad es que la vida la vamos a pagar todos muy cara. Querida, aquí va a arder todo dios.