AGOSTO, EL MES MÁS CRUEL...

Agosto, el mes más cruel, probablemente más mezquino que aquel abril que decía la canción, probable, y simplemente, el peor mes del año. Playas abarrotadas, terrazas descolocadas, la ilusión de ser feliz y la obligación de tener que ser feliz durante un mes del año, la condena de lucir un bronceado de película y de poder contar unas vacaciones de suplemento dominical. Días de obligada presencia, hamacas derritiéndose al sol, hallazgos y reencuentros no previstos, no solicitados... ¿A quién diablos remitir las instancias deudoras del mes de agosto?
Verán, agosto tiene el mismo sentido que septiembre o febrero. Lo que te guste hacer esos meses te agradará también hacerlo ahora, y su correspondiente contrario. Si lees en las tardes de otoño, también leerás en agosto; si te gustan Bach y Nacho Vegas en noviembre, los escucharás gustoso en verano; si una cerveza fría puede resultar un paréntesis un lunes de enero, ídem; si adoras las lenguas desatadas, serás feliz charlando largas horas bajo las perseidas estivales. Es así. Agosto no tiene nada más. Sólo el temblor que producen las obligaciones.
Disculpen estas paradas. Volveré en breve. Antes de que se acabe agosto, bien sûr...

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Dunkelheit dijo
Algo parecido ocurre con los domingos... aunque por otros motivos. No hay nada mejor que irse de vacaciones en cualquier otro mes del año, cuando todo está vacío, y no tienes que aguantar a los del anuncio de los cupones de la ONCE buscando un lugar donde clavar su sombrilla, y proclamar el Día de la Independencia
17 Agosto 2005 | 01:52 AM