MI VERANO, CHERI...
Cheri,
El verano es lo mismo en el Marais que en la Rúa de los Notarios, el chicle pegajoso extendido sobre la piel es idéntico en París que en Zamora, y en los dos lugares, como pobrecitas calaveras fundidas, buscamos la sombra y algo parecido al sosiego, buscamos, siempre buscamos, en el Duero y en el Sena.
De todas formas, cheri, y ya que me pides que te cuente cómo va mi verano, te diré que vago por las calles a la búsqueda de las mejores cerezas, que bebo cerveza sin parar y me refugio en las librerías cuando no soporto más la luz, ese deslumbramiento vulgar del sol de finales de julio, los turistas chillones armados de cámara digital, la explosión de los bikinis y el color de las cremas solares en los escaparates. Leo, trabajo, esa otra vulgar costumbre, vago y me dejo caer sobre la cama cada vez a horas más tempranas, tal vez porque este tiempo detenido acaba incluso con el insomnio, incluso con la curiosidad de las pantallas, incluso con el deseo de escuchar canciones.
No creas que el verano en París es más clemente; verás, para algunas chicas y para algunas ciudades el otoño es la estación perfecta y sólo los primeros días de junio, esos en los que regresa un viejo alma de quince años, tienen un ápice de encanto. Después, querido, más de lo mismo, más de lucha sin cuartel y sin vencedores, más tiempo y más cansancio.
Por si te sirve de consuelo, tengo que contarte también que a veces miro por la ventana y me imagino que apareces con una botella de champagne fría.
Después sigo, encanto...

Juanjo dijo
Yo vivo en una ciudad a la que el otoño le sienta muy bien. Los tojnos ocres de los pocos parques con los cuenta le dan un toque poético espectacular. En medio de su casco histórico hay un famoso bosque por el que en noviembre me gusta perderme, sentarme en sus bancos y oler a hoja seca y húmeda. Me gusta oír su caída.
En verano, todo me sobra. Sobre todo la luz.
2 Agosto 2005 | 11:09 AM