Escucho el breve recital de Maria de Medeiros, Ute Lemper, Fanny Ardant y Miranda Richardson, en "Drama Box", de Mísia, y pienso con cuánto ahinco hemos estudiado idiomas y hemos viajado lo antes posible, cuántos descubrimos nuestras raíces en el norte después de ser seducidos, cansados y espantados por el sur, cuántos nos emocionamos con Manoel de Oliveira y "Un filme falado" y cuántos tememos que este mundo terminará como una noche de cafés, demasiado pronto y de la manera más absurda que podamos imaginar, como el mundo de Stefan Zweig, como la gauche divine y como algunas bellas costumbres que se empeñaban en respetar la elegancia, la razón, la educación y algunas otras ansiedades.
Después se puede escuchar a Jacques Brel, por ejemplo, y soñar con un sofá adornado con Moët & Chandon; después se puede volver a desear que este querido mundo tenga todo el futuro posible.