Categoría: LES PLACES
3 Febrero 2007
Recuerdo que ya te hablé de lo que ocurrió una tarde, en estas mismas mesas de plástico y sillas falsas de una cafetería en permanente iluminación de bombillas desgastadas al lado de una sucia estación de autobuses. En una, yo, en otra idéntica, concentrado y ajeno a todo, tomaba notas un hombre mayor. Le reconocí: el año anterior había recibido el premio literario más oficial y nacional de todos. Había salido en televisión, había aparecido en los periódicos, había pronunciado grandes discursos frente a altas autoridades... Y en aquella tarde, en aquel ocaso fresco de estación de estación de provincias, había pasado a ser un abuelo como otros, inclinado sobre su libro o sobre su cuaderno de crucigramas. A la hora en que partía su autobús, se levantó despacio y se marchó al andén.
He vuelto muchas veces a la misma estación. Ayer mismo busqué al escritor al que descubrí entre todos los ancianos del bar barato. No, ya no estaba. En su lugar, una pareja de jubilados con abrigo cruzado recogía las maletas cargadas de dos mulatas.
servido por Marta
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15 Diciembre 2006
Y prometí, con la voz como un hilo de agua a punto de inundar la sala de espera, que jamás, jamás en mi vida volvería a engañar a mis bares con otros. Que si volvía a pisar las calles de la ciudad la única barra sería aquel rincón pequeño del cónsul (y ustedes, mis queridos muertos, sabrán de qué lugar estoy hablando), una mesa pequeña entre las fotos de los poetas muertos o una banqueta en una cueva oscura.
Prometí que nunca volvería a pisar otros lugares. Y sobre todo que no volvería a los sucios garajes de las niñas de barbours y los jóvenes de prometedor horizonte laboral.
Porque sólo se puede regresar a sitios en donde encontrarse con pedazos del propio alma o con las fotos amarillentas de los amores del pasado. Porque sólo tiene sentido volver a las escenas del crimen de haber vivido las noches como si fueran las últimas noches de una vida. Porque sólo hay belleza e inteligencia donde la hubo (y quien las probó lo sabe). O porque sólo hay placer en los recuerdos del desván y no en los malos sueños.
servido por Marta
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20 Mayo 2006
En Noparís el calor es tan intenso que alguna tarde puedes llegar a sentir como el alma se escurre con la levedad de un helado de pistacho. Y con el alma el resto: el acero, la seda, las flores y la sensatez. Es una de las peores cosas de vivir en Noparís, un fenómeno al que los habitantes de ningún sitio no logramos acostumbrarnos nunca.
Y lo que es aun peor es que el bochorno noparisino nos hace últimamente preguntarnos pavadas como qué hacemos aquí, por qué vinimos aquí, la razón de que el autobús se parase justo en este lugar... Ese tipo de preguntas absurdas que tienen como respuesta el precio de un billete o la casualidad de un teléfono.
Entretanto a los inestables no-Noparís sólo nos queda intentar mantener algo de ropa blanca, pertrecharse de papel y recordar, con especial fruición, la ligereza de unas manos entre una falda.
Y reconocer que únicamente en Noparís se puede escribir algo como esto.
servido por Marta
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8 Mayo 2006

Había pensado en construir el hotel para los músicos con jeringuilla, y después el hotel de los escritores y el mezcal, y también el de los pintores y el vino. El proyecto estaba estudiado hasta el último detalle: en el hotel de los músicos habría habitaciones en penumbra para dormitar entre concierto y concierto, espacio para maletas de cuero, espejos y bandejas de plata servidas por ninfas de larga cabellera rubia. Para el de los escritores había ideado un cálido ambiente tropical, a medio caballo entre las puertas celestes de Coyoacán y los tugurios más infectos. Y en de los pintores inmensos echarpes y sofás de cuero. Ah, sí, la decoración a la medida de los sueños más oscuros...
En la planta de sombras ilustres vagaban las gafas negras de Lou, la melena azul de NV, muchos pasos roncos; el puñetazo del cónsul Lowry, la mirada triste de los que han abandonado la bebida, las pesadillas de los conjurados por la musa asesina; y, en el pasillo de los pintores estaban los mejores musitando música y libros para no hablar nunca, nunca jamás, de esa materia prima tan huidiza que mancha los lienzos.
Lo tenía todo bien pensado. Pero falló la libertad, es decir, no llegó el dinero, y terminó regentando un pequeño hotelito, con japoneses y ancianitas, en el viejo París.
servido por Marta
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20 Octubre 2005
Ese placer sencillo, barato y pleno de apropiarse las palabras ajenas, enmarcarlas manualmente, acariciarlas como una piel robada en una aventura efímera, encerrarlas entre comillas o cambiar su rostro a la severa cursiva: citar.
Ésta que cae aquí me ha gustado mucho siempre. Trata de una ciudad que no es París pero tiene también algo de aura parisina, trata de una ciudad en la que fui extraña e inmensamente feliz, aunque luego las chicas listas mueran en sus portales entre drogas y golpizas. La cita es ésta:
Ven, déjate caer conmigo en la cicatriz lunar de nuestra ciudad, ciudad puñado de alcantarillas, ciudad cristal de vahos y escarcha mineral, ciudad presencia de todos nuestros olvidos, ciudad de acantilados carnívoros, ciudad dolor inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad de sol detenido, ciudad de calcinaciones largas, ciudad a fuego lenta, ciudad con el agua al cuello, ciudad de letargo pícaro, ciudad de los nervios negros, ciudad de los tres ombligos, ciudad de la risa gualda, ciudad del hedor torcido, ciudad regida entre el aire y los gusanos, ciudad vieja en las luces, vieja ciudad en su cuna de aves agoreras, ciudad nueva junto al polvo esculpido, ciudad a la vera del cielo gigante, ciudad de barnices oscuros y pedrería, ciudad bajo el lodo esplendente, ciudad de víscera y cuerdas, ciudad de la derrota violada (la que no pudimos amamantar a la luz, la derrota secreta), ciudad del tianguis sumiso, carne de tinaja, ciudad reflexión de la furia, ciudad del fracaso ansiado, ciudad en tempestad de cúpulas, ciudad abrevadero de las fauces rígidas del hermano empapado de sed y costras, ciudad tejida en la amnesia, resurrección de infamias, encarnación de pluma, ciudad perra, ciudad famélica, suntuosa villa, ciudad lepra y cólera hundida, ciudad. Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire.
Carlos Fuentes, La región más transparente, Madrid, Cátedra, 1982.
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4 Octubre 2005

Hoy salgo de la rue Vaneau, dejo al otro lado los psiquiátricos suizos (la próxima vez que vuelva a Suiza pasearé junto al lago con un caballito alado) y a ratos miento y tengo todo el tiempo del mundo creo que me voy a pasear a la región más transparente del mundo y a un puticlub de carretera de la costa mediterránea. También quiero andar por las calles torcidas de París acompañando a un padre enfermo y por las pensiones enloquecidas de Sao Paulo, donde los policías se enamoran de las cocainómanas. Como verás, cheri, tengo la agencia de viajes repleta de ofertas interesantes...
Entre alguno de estos viajes tengo que pararme un rato en este teatro. Un día soñé que hablaba, sí, que el edificio hablaba, y contaba la historia de una aprendiz de bailarina que se deslizaba por las escaleras de madera combada y después un sonido de tacones por las calles nocturnas y frías que rodean ese gran teatro. Tengo que volver a intentar escuchar esa voz cascada desgranando hombres con capa y fiestas nocturnas, espectadores y maquinaria francesa para que el patio de butacas se pudiese transformar en un salón de baile, fiestas apresuradas de bohemios y mezquindades de políticos provincianos.
Cada día dejo en el blog mezclas más disparatadas, ya. Es una forma de recuperar ese à plomb tan necesario para el ambicioso plan de sobrevivir.
servido por Marta
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28 Septiembre 2005

Cheri,
Iba a compartir contigo otros apuntes de una carpeta más personal (pese a que le estoy cogiendo cierta manía a esa palabra y espero que alguien la desmonte lo antes posible, que le saquen las tripas y entendamos de una vez lo que quieren decir algunos cuando la pronuncian y lo que quiere decir o debería querer decir realmente). Pero se imponen las noticias, esos latigazos que yo recibo desde la radio y que me llevan de la pena a los recuerdos.
En Melilla viví en un piso de aire parisino, muchos años después, pero sí, en la misma calle que aparece arriba. Y sí, te aseguro, querido, que seguía teniendo ese aire colonial, elegante y salvaje a la vez. Las noticias de anoche hacían imaginar una inundación de apátridas, un presagio de caos, incluso sin conocer las peores previsiones las que se encargan de amasar el material para que bien horneado se convierta en un gran bizcocho de miedo e indignidad.
Llamé por teléfono: ya me contaron que la situación, efectivamente, es complicada y que no se trata de ninguna novedad. Mucha gente lleva un año repartiendo comida a todos los subsaharianos diseminados y dejados de la mano de cualquier dios por los alrededores de la frontera. La situación es difícil, y desagradable, pero los melillenses a los que quiero se encogen de hombros y bromean.
Cheri, mi alma se volvió más negra recordando esta calle, lugares donde escribí y donde reí, paisajes y otras estampas.
Seguiré escribiéndote pronto...
servido por Marta
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8 Septiembre 2005

Nunca ha empezado nada bueno para mí en un museo, por ejemplo, ni en unos grandes almacenes, ni en despachos atiborrados de tazas sucias de café y colillas, menos aún en bancos, estaciones, calles... Y me refiero a algo que empieza, no a algo que está en tránsito, viajando o moviéndose; sólo apunto a inicios, señales, puntos que comienzan a dibujar una línea infínita
Les propongo que elijan uno cualquiera, aquí mismo encontraran su punto de partida, y busquen el que más les guste. O, si tienen suerte, yo desgraciadamente no la he tenido, intenten encontrar una foto del bar de su juventud, DEL BAR, de ese lugar en el que comenzó algo maravilloso. Comenzar a beber, en principio, no entra dentro de este posible inventario. Sólo si a ustedes les provoca una lucidez loca a lo Rimbaud, decadente a lo Baudelaire o negra a lo Lowry. De momento, he elegido éste que es elegante, invernal y prometedor. Les prometo que les contaré cuál fue MI BAR, el primero, es decir, mi cosmos amontonándose, el lugar donde comenzó algo bueno de verdad, la inauguración gloriosa de la vida de verdad, la vida con mayúsculas. Y mientras tanto piensen, piensen en ese bar suyo...
servido por Marta
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